*** Viene del post anterior *** Les confieso que esos primeros días de reposo me sentía inquieta. No concebía la idea de pasar mi embarazo acostada. Me mantenía a la espera de que Dios hiciera “algo” por mí o me diera una señal, porque no estaba convencida de si era Su voluntad que permaneciera en cama o de si Él quería levantarme como otras veces lo había hecho.
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Lo mejor que pude hacer fue abrir mi corazón y hablar con Dios. Le pedí que me confirmara si ese era su propósito. De ser así, yo lo aceptaría con amor y obediencia, pues sabía que Él se encargaría de todo lo demás.
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Siempre que oramos a Dios con fe, Él nos responde y nos deja sentir en el corazón su respuesta amorosa.
Recuerdo que ese mismo día empecé a sentir una paz y una alegría muy especial en mi corazón.
Sentir esa paz, para mí fue la confirmación de que esta era la voluntad de Dios.
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Dios me fue dejando sentir que había querido apartarme para estar con Él y llenarme de su presencia… También para aprender una nueva manera de amar e incluso de servirle y misionar, desde mi hogar.
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En este tiempo he tenido que renunciar a muchas cosas, pero tener que renunciar a algo que amo tanto, como es servir a Dios a través del ministerio, fue una de las pruebas de amor más hermosas que he podido dar a mi pequeña. También fue una de las lecciones más importantes que he recibido de Dios.
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